A pesar de que mis conocimientos sobre medicina son escasos, creo que sin duda alguna, he descubierto una nueva patología. He querido bendecirla como "damnare lecture", in spanish, "cátedra maldita", aunque para maldito el latín, que cuando encuentro una traducción e intento hacerlo a la inversa, el significado es completamente diferente; tiene variantes asociadas, como el doctorado, magistrado, especialista....etc.
Dicha patología posee una fuerte componente mental y una física no menos despreciable.
En su estado más común, ésta no es difícilmente ponderable. Los enfermos se caracterizan por ser personas retraídas, intolerantes, soberbias, jactanciosas y un tanto insoportables, y con una fría y pavorosa capacidad de ausentar cualquier atisbo de emoción en sus rostros. Sorprendente. Pero en todo ello, salvo en puntualísimas excepciones, existe un denominador común, y es la experiencia o vejez.
Casi la totalidad de todos los aquejados de dicha dolencia suelen ser personas entradas en años, que han dedicado mas o menos la mitad de su pajolera vida a estudiar incansablemente hasta que su amígdala (parte del cerebro que se encarga de procesar las emociones) ha dejado de funcionar de forma operativa y eficiente y pasa convertirse en un órgano estúpido, como el bazo o el apéndice.
Una vez ocurrido esto, toda esa vida plagada (O eso quiero pensar) de ambiciones sanas, de muestras de respeto, de amores y amistades correspondidas, de obstáculos a superar, de pequeños detalles y de humildad pasa a formar parte del pasado para dar lugar a una nueva vida en la que sólo hay cabida para el triunfo absoluto y universal, la "autosobreestimacion" con tintes aspergerianos o de otro modo una autocomplacencia cuasiesquizofrénica, un omnímodo determinismo racional para cualquier hecho y lo que es peor, aunque consecuencia de lo anterior, pérdida absoluta de empatía y la consecuente falta de humanidad...
Visto así todo un regalo. Y es curioso porque este patrón se da del mismo modo en casi todas las personas que poseen una cátedra y en todas sus modalidades. Y aunque vengo contando lo que he descubierto, no tengo ni idea como encontrar una cura para esta enfermedad.
Pero si llevo pensando en una vacuna; el cariño. Si si! el cariño de toda la vida, ese sentimiento, que no emoción, que hace sentir que sirves y estas aquí para algo. Cuando el cuerpo deja de recibir cariño el cerebro deja de segregar las enzimas que mantienen activa la amígdala del cerebro, y en consecuencia, te conviertes en un parásito que tiende a autodestruirse con delirios de grandeza y demáses patologías mentales. Te haces aún mas viejo, y apartas de tí lo que hasta entonces no sabías que era lo más importante, y mientras te consuelas pensando que eres el mejor y que no llevas una vida entera currando para que cualquiera venga a pisarte. El problema es pensar eso, que la gente es inútil, y aún peor, que lo mejor que tiene que hacer la gente es pisarte. como si no hubiera nada mejor que hacer.
lunes, 25 de octubre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
Rumbo al desconocimiento (I)
Conseguí refugiarme de la lluvia bajo el portal de aquella tienda de objetos anticuados. Aparentaba ser uno de esos locales pequeños que están en peligro de extición, a priori, sacado de los sueños más ambiciosos de David Lean; la entrada estaba tallada de madera de teca, esa madera tan buena que se utlizó para la fabricación de legendarias embarcaciones como la Santa María, y que actualmente es conocida como el oro marrón. A su vez ésta estaba pintada de un verde mestizo y oscuro que denotaba un estado avanzado de deterioro abrasivo,a la par que le concedía un majestuoso halo mágico, como si aquella entrada fuera un atajo directo hacia los sueños más misteriosos. Tenía algo de prisa, pero no pude resistirme.El local estaba oscuro, y a pesar del tenebroso encapotado de aquel día, mi vista tardó en acostumbrarse. Poco a poco comenzaron a postrarse ante mí pequeños destellos de los objetos que colgaban del estriado techo.
Como supuse, el local era relativamente pequeño, aunque su dueño había hecho acopio de una buena optimización del espacio, y andar por allí era como nadar en objetos antiguos y cuanto menos, poco convencionales.
Había una bola del mundo rotativa con la base de una madera negra, numerosos botijos y jarrones de bronce pulido aunque algo polvoriento, correas de cueros con engarzados dorados y plateados colgaban de las paredes, numerosas máscaras de diferentes civilizaciones. También había pergaminos con dibujos extraños, una vieja armadura de latón, un transistor que parecía haber sido el primer modelo creado por el mismísimo Bell. Pero mi mirada sólo se detuvo indefinidamente ante una misteriosa y fascinante pluma blanca. Aparentemente parecía sólo eso, una pluma sencilla aunque inusualmente grande, pero si observabas con esmero, sus barbas parecían ondear sinuosamente desde el raquis cilíndrico sin una aparente motivación. De repente, como si por él fluyera vida, su plomizo aspecto se tornó a un débil celeste que parecía propalarse por todo el plumaje, como si estuviera respondiendo a mi asombro.
Fascinado por aquel hecho, me dirigí al mostrador, en el que se encontraba un entrañable anciano con gafas que parecía no haber reparado en mi presencia desde mi llegada. Cuando me dispuse a hablar, el anciano, sin mirarme a los ojos, me dijo:
- Parece que tú también tienes la capacidad de leer el mensaje de la pluma...
Aquello sonó con tanta naturalidad que me quedé sin una respuesta que pudiera satisfacer la certera afirmación del aquel curtido anciano, asi que decidí que lo más sabio sería dejarle hablar.
- Su antigûedad se estima por milenios, y la leyenda que la acompaña afirma que todos aquellos que la poseyeron adquirieron el poder del conocimiento absoluto, sobre el origen y destino de todas las cosas, un poder valioso con el que se podía controlar la naturaleza a su antojo. Pero a su vez peligroso, porque cada decisión que se tomase tendría una repercusión impredecible. Sólo pocos han tenido la capacidad de usar su poder, y todos ellos hasta ahora no fueron capaces de controlarlo y éste se volvió en su contra, al menos eso dice la leyenda...
Era evidente que, por muy descabelladamente imaginativa fuese aquella historia, aquel anciano había conseguido captar mi atención, y decidí sopesar la idea de hacer un trato....
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