miércoles, 30 de mayo de 2012

La esencia Humana

Era una profunda mirada azul crepuscular, acentuada por un curtido moreno de piel digno de una vida bien longeva; posiblemente una vida repleta de historias, quizás no emocionantes, pero con certeza abundantes.
Los infinitos surcos denotados por las arrugas parecían marcar ahora, como las quebraduras en el hielo apuntando al mismo punto de origen, todas las trayectorias de dichas experiencias y emociones pasadas, casi de forma cronográfica, haciendo especial hincapié en la profundidad de algunas de ellas, como si sugiriesen la especial importancia que en su momento debieron tener los hechos acontecidos en dicho punto de la trayectoria; como esos escritos que mediante puntos y comas instan al lector a agudizar su atención. Y en cada uno de ellos mi mente llevaba a cabo dichas pausas, desviando el sorteo de mi mirada y demorando la aparente celeridad de mis oculares pesquisas, a sabiendas de que ello iba provocando un embelesamiento que acabaría por desvelar lo que para el resto del mundo y en especial para ella, tan sólo era un corriente y típico barrido de reconocimiento previo al saludo que la gente profiere a los desconocidos en usuales situaciones.
Quizás estos pensamientos triplicaron en rapidez a los brevísimos acontecimientos, o quizás aquella anciana no consideró excesiva mi, en apariencia, sencilla pausa antes de proceder al rutinario saludo vespertino.
    - Boa tarde, senhora-, respondí, con una complaciente sonrisa.
http://www.youtube.com/watch?v=MR1s1DC8H7w
Pero de nuevo, como si de una letal maldición gitana se tratase, volví a quedar embrujado por la majestuosidad de su, aunque, insisto, no convencionalmente aceptado así, bello rostro. Probablemente reparó pronto en mi reiterada incursión; sin embargo, su respuesta, a diferencia de lo que la mayoría, un servidor se incluye; haría, fue sonreír, sólo sonreír, dejando claro que lo último que ella fuera interpretar fuera que estuviésemos aventurándonos a una embarazosa situación.
Dejando atrás demáses divagaciones, aquella sonrisa no hizo más sino acentuar mi ya visible interés. Había algo mágico en aquel rostro corriente. Entonces caí en la cuenta que jamás había reparado con tan esmerado detenimiento en un rostro tan centenario, tan anciano. Aquello no eran sólo historias y emociones transcritas mediante bellos, aleatorios y desemejantes estrías. Aquello era la propia esencia de la humanidad. Era como una breve e imprecisa respuesta a la sencilla aunque tormentosa pregunta de qué somos.
Aunque lo verdaderamente fascinante era recorrerlas lentamente hasta llegar a esa profunda mirada azul. Aquello parecía como la puerta a ese recóndito rincón de las respuestas a las preguntas sin respuestas, cuya llave antojada por el ser humano ha sido desde tiempos inmemoriales.
Una nueva puerta a la imaginación, a lo esencial; también al miedo no correr su misma suerte y llegar un día en que nos miremos al espejo y podamos entonces cavilar acerca de nuestros viejos y demacrados rostros, aunque emocionante la idea de aferrarse a que sí lo conseguiremos, y aún mas palpitante, la idea de todo lo que ocurrirá hasta entonces....