lunes, 8 de octubre de 2012

Un nuevo amanecer


- Está blanca, pequeña y aislada...

- Y acaso osas tú intentar rescatarla de su dulce y eterno letargo? Aquella que hizo rebentar los neones con sólo aquello que describías como pasión descontrolada? Qué extraño...

- Superarse siempre formó parte de la lección...

- Wuou tia, me dejas alucinado con tu dialéctica y tu inordinariez.. Incredibol chaval. Me estás aburriendo, hermana.

En aquel momento ambos recurrieron a lo que, en las amistades profundas llega a conocerse como silencio "no incómodo", muy recurrido a la hora de tener que combatir la apatía que produce a veces tener que continuar una conversación que sólo conduce a destinos estúpidos con un querido amigo de toda la vida.
Y es lo que tienen los amigos de toda la vida, igual pueden llegar a provocar el mas infundado de los odios que igual te das cuenta de que eres completamente adicto a ellos.
La extraña contradicción que tenía a Alba y a Ignacio sumidos en aquel silencio daba sus frutos en forma de pensamientos, al parecer, bastante dispares.
Porque mientras el generalmente egocéntrico de Ignacio pensaba en que le había jodido que ella no le siguiera su juego a la par que paliaba dicho "dolor" imaginando que ella pensaba en él en ese momento; ella, absorta y absolutamente desconectada de aquella absurda conversación, pensaba en lo maravilloso que sería empezar aquel nuevo curso, aquella nueva, dura y emocionante etapa, mientras entonaba dichos pensamientos al son de aquel cielo exento de estrellas.
Ella pensaba en que aquel día, como gran excepción, podía permitirse el lujo de interpretarlo como una señal, como si la luna fuera una gran idea (su gran idea) y todo el vacío que la rodeaba se iria llenando a lo largo del año, mientras que las estrellas que fueran apareciendo lentamente  a lo largo del tiempo pasarían a representar cada acción, aprendizaje o sueño cumplido.

- ¡Qué bello!.. (pensaba)

Entonces su mirada se cruzó con la de su ansioso compañero, y pudo leer al instante bajo una repentina inseguridad lo que podía estar pasándosele por la cabeza. Claro que es toda una vida a su lado.

En el pasado había dedicado mucho tiempo a impresionarle y buscar su aprobación, porque detrás de aquella aparente arrogancia y miedo se escondía una gran inteligencia e incluso buena voluntad, elementos más que atractivos para la voluptuosa aunque insegura Alba, que siempre se había dejado seducir por ellos con total incondicionalidad.
Pero los tiempos estaban cambiando, y ambos sabían que ahora todo estaba más equilibrado. Ahora ya lo conocían todo uno del otro, o creían conocerlo, ahora ya había que dar un paso más, había que dar paso a disfrutar de ello, o a despreciarlo, en su defecto; cualquier cosa antes de dejar que su vida en conjunto llegara a ser aburrida.

Mientras, Alba centraba su mirada en la de él; sus pomposos ojos marrones parecían haber adquirido la inverosímil capacidad de deshacer por completo a su compañero; acción ante la cual tuvo que tomar cartas para sentir no caer en aquel remolino insalvable

- ¿Qué es lo que estás mirando exactamente? No me gusta que me mires así, zorra.

- ¿Es que acaso nuestro machote se está haciendo pipí en los pantalones?

- ¿Pipí? Que te ocurre Alba? Has tenido un repentino subidón de autoconfianza y estás haciendo pleno uso de él, sin pensar en las más temibles consecuencias que puedan acarrear por mi parte... (leve risotada)

Alba rió, un poco con la esperanza de expulsar en cada carcajada parte de la vergüenza que sentía, un poco por diversión, y un poco por felicidad repentina: nunca puede dejar de imaginar qué cosas puede querer decir su compañero de juegos, sin siquiera saberlo él mismo:
-          Quizás haya tenido un repentino subidón, como tu dices… en cualquier caso, no tengo ningún miedo, con lo que el adjetivo “temible” sobra aquí chico.

-          Tanta seguridad siempre en ti misma tiene que ser mentira. (acto seguido, la agarra por las piernas y la arrastra hasta poder subirla a sus hombros, la carga hasta la piscina mientras ella forcejea inútilmente, y la tira al agua)

-          Eres un capuyo Ignacio, ¡hace un frio de la hostia!

-          Esto te pasa por mentirosa y presuntuosa. A la gente así siempre le viene bien un jarro de agua fría.
Alba no respondió, salió del agua y se sentó en el borde de la piscina, junto a él.
Hay veces en que eres plenamente consciente de todo lo que te rodea: estás despierto. Hay personas a las que les pasa a menudo, son más sensibles a su entorno, reciben toda la información de él y con ello juegan la partida. No tiene nada de extraordinario.
Sin embargo, cuando coincide que dos personas están despiertas al mismo tiempo, cuando ambas son capaces de ver a la vez las circunstancias que las rodean, se crea entre ellas un vínculo, pues su entorno se vuelve compartido. Esa magia puede durar un solo instante, el tiempo de una mirada elocuente.
Este era uno de esos momentos, y ambos asistían como invitados privilegiados al espectáculo de su propia complicidad.
-          Ya que no puedo quitar el frio, al menos lo compartiré contigo.
Ignacio se sumergió en el agua intentando sentirse menos culpable. Se empezaba a dar cuenta del precio que se paga por una amistad sincera. No le importaba:
Cuando dejas entrar a alguien en tu vida y compartes tus miedos y tus ilusiones, te expones descarnadamente. Es como si a esa persona le proporcionaras todas las herramientas necesarias para que se dedique a excavar túneles dentro de ti, que la lleven a sitios que ni siquiera tú sabías que existían, para que luego pueda pasearse alegremente por ellos.  Ocurre que, a veces, ese alguien, simplemente, desaparece. Y ocurre, a veces, que te das cuenta de que el dolor de la continua perforación era un mero cosquilleo comparado con el dolor de su ausencia. Pero no importa: esa persona ha dejado pasillos, que aunque ahora queden vacios porque no los llene el eco de ninguna risa danzarina, siempre llevarán a alguna parte.

Alba, mientras el curso de sus pensamientos volaba hacia el incierto futuro, observó de nuevo a su viejo amigo y lo vio tiritar.
-          Puede que lo hagas con prisas, y te arrepientas con calma (sonrió)

-          Puede que nunca lo haga, y entonces no habría nada que contar… nadie escribió nunca nada sobre cobardes.

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