martes, 26 de febrero de 2013

Hasta pronto


He añorado con fuerza este momento a la par que lo he temido, como se temen a los gigantes. Fantasmas, gigantes, duendes, hadas... 
Tengo que dejar este mundo atrás.... de momento. Este mundo feliz se ha tornado insuficiente, escaso, contradictorio. Su período ha expirado, y me despido no sin antes hacer una reverencia a las invisibles e imaginarias caras que me habéis acompañado hasta ahora, con esa sonrisa del que ha de encontrar la luz y continuar encontrándose a sí mismo, con miedo, y aún cojeando.

Nos vemos en ese lugar ordinario, donde las ordinarios acontecimientos se dan de forma no menos ordinaria. Allá donde la realidad te coloca ante el espejo y te hace gritar y esperar. Allá donde no hay cabida a la distorsión, ni a las cadenas que te alejan de la más pura sinceridad.

Gracias por este tiempo pasado juntos, en este pequeño rincón de las fantasías.

Hasta pronto

viernes, 7 de diciembre de 2012

Duende

Empieza ya a hacer un poco de frío. El porche está mojado.
Mis orejas están cada vez más calientes y ya puedo percibir levemente el olor a keroseno quemándose...
Soy preso en esta habitación de abeto blanco barnizado; soy el duende solitario.

Siento como una ola de amarillo azulado tenue invade la habitación y la va ocupando poco a poco, como si de un espectro se tratase, trayendo consigo un olor entre jazmín y hojarasca otoñal; soy el duende sensorial.

Las ancianas páginas del gigante volumen que estaba en el atril comienzan a agitarse de un modo quase revelador, clarividente, anunciante, sintomático con mi estado y la situación que se avecina, aunque no alcanzo a percibir si lo es en mi interior o allá fuera a través de los translúcidos ventanales; soy el duende sagaz.

Esas páginas de prosa lírica narran la historia de un héroe sin igual, un héroe de mundos, de aquellos que eran capaces de sacrificar todo por una persona ajena a ellos a la vez que eran capaces de ser lo suficientemente fríos para cortarles la yugular a una decena de ellos conocidos, si la situación lo requería. Me gusta leer ese libro cuando el asunto se vuelve turbio y confuso; soy el duende calmado.

La luz de la vela de keroseno en el interior proyecta mi cuerpo en el translúcido ventanal; imagen que, acompañado de la incipiente oscuridad exterior, comienza a cobrar una nitidez anormal que parece otorgarle vida. Soy yo, sin duda, pero su mirada no parece corresponderse con la imagen que acostumbro tener de mí. Él parece más seguro de sí mismo y parece comenzar a controlar esta insólita situación; soy el duende confuso.

- El regocijo de tu alma es tu mayor pecado, campeón. -Dijo la proyección-

- Qué cojones eres exactamente? - Dije yo, aún,  con fuerte escepticismo -

- Soy el duende maestro y tú, el duende autocompadeciente - Dijo la imagen difusa

- Tan sólo eres una proyección de mis sentidos primarios. No voy a dejar que me arrebates la cordura. -Dije con cierta desazón-

- No hablas con propiedad. La cordura es, al final, la sensación de paz que te invade cuando te sientas y repasas lo que has hecho, y nada de ello lo obstaculiza. Tú, en cambio, estás recluido en esta bella prisión. - Dijo el espectro -

- En ese caso ya no debo tener muchas razones por las que vivir. Estoy solo y apenas soy capaz ni de mirar a través de tu ventana. Aquí, el tiempo es invariante, y ese letargo agudiza la depresión. Para mas inri, te acabo de inventar. - Dije, ya casi sin esmero -

- La soledad forma parte de tu autoconvencimiento, estás solo porque quieres estar solo. Y mi presencia aquí, al contrario de lo que insinúas, es meramente esperanzadora. - Dijo el duende maestro - 

- En ese caso, que he de hacer, pues? - Dije yo -

- Abre la ventana. - Dije yo -




El paisaje era sublime; la lluvia, apenas imperceptible, se posaba levemente como las hojas de azahar sobre mis toscos dedos. Aún al horizonte se divisaban atisbos de luz menguante, dejando aquel lugar cubierto de nubes bermejas. Salí por la ventana casi de un salto. Me desprendí de todo lo que no fuera mi alma y disfruté del canto de las garzas y el chapoteo del agua con las hojas de los abedules. Qué imagen tan sublime...

Era el duende aprendiz

lunes, 8 de octubre de 2012

Un nuevo amanecer


- Está blanca, pequeña y aislada...

- Y acaso osas tú intentar rescatarla de su dulce y eterno letargo? Aquella que hizo rebentar los neones con sólo aquello que describías como pasión descontrolada? Qué extraño...

- Superarse siempre formó parte de la lección...

- Wuou tia, me dejas alucinado con tu dialéctica y tu inordinariez.. Incredibol chaval. Me estás aburriendo, hermana.

En aquel momento ambos recurrieron a lo que, en las amistades profundas llega a conocerse como silencio "no incómodo", muy recurrido a la hora de tener que combatir la apatía que produce a veces tener que continuar una conversación que sólo conduce a destinos estúpidos con un querido amigo de toda la vida.
Y es lo que tienen los amigos de toda la vida, igual pueden llegar a provocar el mas infundado de los odios que igual te das cuenta de que eres completamente adicto a ellos.
La extraña contradicción que tenía a Alba y a Ignacio sumidos en aquel silencio daba sus frutos en forma de pensamientos, al parecer, bastante dispares.
Porque mientras el generalmente egocéntrico de Ignacio pensaba en que le había jodido que ella no le siguiera su juego a la par que paliaba dicho "dolor" imaginando que ella pensaba en él en ese momento; ella, absorta y absolutamente desconectada de aquella absurda conversación, pensaba en lo maravilloso que sería empezar aquel nuevo curso, aquella nueva, dura y emocionante etapa, mientras entonaba dichos pensamientos al son de aquel cielo exento de estrellas.
Ella pensaba en que aquel día, como gran excepción, podía permitirse el lujo de interpretarlo como una señal, como si la luna fuera una gran idea (su gran idea) y todo el vacío que la rodeaba se iria llenando a lo largo del año, mientras que las estrellas que fueran apareciendo lentamente  a lo largo del tiempo pasarían a representar cada acción, aprendizaje o sueño cumplido.

- ¡Qué bello!.. (pensaba)

Entonces su mirada se cruzó con la de su ansioso compañero, y pudo leer al instante bajo una repentina inseguridad lo que podía estar pasándosele por la cabeza. Claro que es toda una vida a su lado.

En el pasado había dedicado mucho tiempo a impresionarle y buscar su aprobación, porque detrás de aquella aparente arrogancia y miedo se escondía una gran inteligencia e incluso buena voluntad, elementos más que atractivos para la voluptuosa aunque insegura Alba, que siempre se había dejado seducir por ellos con total incondicionalidad.
Pero los tiempos estaban cambiando, y ambos sabían que ahora todo estaba más equilibrado. Ahora ya lo conocían todo uno del otro, o creían conocerlo, ahora ya había que dar un paso más, había que dar paso a disfrutar de ello, o a despreciarlo, en su defecto; cualquier cosa antes de dejar que su vida en conjunto llegara a ser aburrida.

Mientras, Alba centraba su mirada en la de él; sus pomposos ojos marrones parecían haber adquirido la inverosímil capacidad de deshacer por completo a su compañero; acción ante la cual tuvo que tomar cartas para sentir no caer en aquel remolino insalvable

- ¿Qué es lo que estás mirando exactamente? No me gusta que me mires así, zorra.

- ¿Es que acaso nuestro machote se está haciendo pipí en los pantalones?

- ¿Pipí? Que te ocurre Alba? Has tenido un repentino subidón de autoconfianza y estás haciendo pleno uso de él, sin pensar en las más temibles consecuencias que puedan acarrear por mi parte... (leve risotada)

Alba rió, un poco con la esperanza de expulsar en cada carcajada parte de la vergüenza que sentía, un poco por diversión, y un poco por felicidad repentina: nunca puede dejar de imaginar qué cosas puede querer decir su compañero de juegos, sin siquiera saberlo él mismo:
-          Quizás haya tenido un repentino subidón, como tu dices… en cualquier caso, no tengo ningún miedo, con lo que el adjetivo “temible” sobra aquí chico.

-          Tanta seguridad siempre en ti misma tiene que ser mentira. (acto seguido, la agarra por las piernas y la arrastra hasta poder subirla a sus hombros, la carga hasta la piscina mientras ella forcejea inútilmente, y la tira al agua)

-          Eres un capuyo Ignacio, ¡hace un frio de la hostia!

-          Esto te pasa por mentirosa y presuntuosa. A la gente así siempre le viene bien un jarro de agua fría.
Alba no respondió, salió del agua y se sentó en el borde de la piscina, junto a él.
Hay veces en que eres plenamente consciente de todo lo que te rodea: estás despierto. Hay personas a las que les pasa a menudo, son más sensibles a su entorno, reciben toda la información de él y con ello juegan la partida. No tiene nada de extraordinario.
Sin embargo, cuando coincide que dos personas están despiertas al mismo tiempo, cuando ambas son capaces de ver a la vez las circunstancias que las rodean, se crea entre ellas un vínculo, pues su entorno se vuelve compartido. Esa magia puede durar un solo instante, el tiempo de una mirada elocuente.
Este era uno de esos momentos, y ambos asistían como invitados privilegiados al espectáculo de su propia complicidad.
-          Ya que no puedo quitar el frio, al menos lo compartiré contigo.
Ignacio se sumergió en el agua intentando sentirse menos culpable. Se empezaba a dar cuenta del precio que se paga por una amistad sincera. No le importaba:
Cuando dejas entrar a alguien en tu vida y compartes tus miedos y tus ilusiones, te expones descarnadamente. Es como si a esa persona le proporcionaras todas las herramientas necesarias para que se dedique a excavar túneles dentro de ti, que la lleven a sitios que ni siquiera tú sabías que existían, para que luego pueda pasearse alegremente por ellos.  Ocurre que, a veces, ese alguien, simplemente, desaparece. Y ocurre, a veces, que te das cuenta de que el dolor de la continua perforación era un mero cosquilleo comparado con el dolor de su ausencia. Pero no importa: esa persona ha dejado pasillos, que aunque ahora queden vacios porque no los llene el eco de ninguna risa danzarina, siempre llevarán a alguna parte.

Alba, mientras el curso de sus pensamientos volaba hacia el incierto futuro, observó de nuevo a su viejo amigo y lo vio tiritar.
-          Puede que lo hagas con prisas, y te arrepientas con calma (sonrió)

-          Puede que nunca lo haga, y entonces no habría nada que contar… nadie escribió nunca nada sobre cobardes.

viernes, 5 de octubre de 2012

Los cuentos

Yo no sé muchas cosas es verdad, digo tan sólo lo que he visto, y he visto que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que el llanto del hombre se tapona con cuentos, y que el miedo del hombre, ha inventado los cuentos...

viernes, 8 de junio de 2012

Salvador...


Por fin vuelve la luz... Es una luz tenue  aunque intensa en su dirección de origen. Es la inevitable caída precia al futuro alzamiento del día de mañana.
Sólo escucho portugués, y aunque lo he reconocido al instante, se me torna distante e ininteligible, difícil de mascar. Pero enseguida se suceden en mi cabeza una serie de pensamientos que escapan de los tentativos y profundos confines del sueños para llevarme en volandas a m,i impredecible y solitaria realidad actual.
Los destellos de sol aún poseen la fuerza suficiente para reflejar apenas una esquela difuminada de mi rostro adormilado en el translúcido plástico. Llevo mi típica cinta en el pelo, y aunque no pongo en tela de juicio su verdadero acometido, razón de más para llevarla, la veo si no más ridícula que nunca. Me cercioro de no tener nadie a mi alrededor, cuestión que comienza cumplirse con bastante acierto. Una de mis primeras reacciones parece me hace sentir aplomo por el ridículo que me estoy ahorrando, pero una segunda reacción, más tardía y  paciente, la cual se materializa mediante un sutíl arqueo de ceja, me recuerda que en realidad no me importa un carajo llevar esa cinta en el pelo, nunca me importó.. Entonces bajo la baliza al curso de estos pensamientos; bostezo, y pienso...

- Qué contradictorio y estupido!

Y acto dseguido despierto.


Estoy de caminmo a Salvador de Bahía, un viaje precipitado de razones precipitadas, que en su inicio me provocaron varias dudas que con el tiempo fueron aplacándose.
Ahora la incertidumbre hace florecer de nuevo esa emoción por el desconocimiento, y ello me embarga de felicidad.
El paisaje a mi alrededor se antoja sereno, no especialmente verde, aunque sí equiparable a las magníficas campiñas que te dan la bienvenida a terras galegas. Está ya casi teñido de rojo y ahora las copas de los árboles  realizan el contraste crepuscular, proyectando grandes sombra sobre los inmensos valles vaticinando la llegada de la que, espero que así sea, una estrellada y radiante noche.

El horizonte se apaga a mi espalda y deja, por fin, paso al desfile de luces que se deslizan hasta donde alcanza mi vista. Como dándome una calurosa bienvenida..

miércoles, 30 de mayo de 2012

La esencia Humana

Era una profunda mirada azul crepuscular, acentuada por un curtido moreno de piel digno de una vida bien longeva; posiblemente una vida repleta de historias, quizás no emocionantes, pero con certeza abundantes.
Los infinitos surcos denotados por las arrugas parecían marcar ahora, como las quebraduras en el hielo apuntando al mismo punto de origen, todas las trayectorias de dichas experiencias y emociones pasadas, casi de forma cronográfica, haciendo especial hincapié en la profundidad de algunas de ellas, como si sugiriesen la especial importancia que en su momento debieron tener los hechos acontecidos en dicho punto de la trayectoria; como esos escritos que mediante puntos y comas instan al lector a agudizar su atención. Y en cada uno de ellos mi mente llevaba a cabo dichas pausas, desviando el sorteo de mi mirada y demorando la aparente celeridad de mis oculares pesquisas, a sabiendas de que ello iba provocando un embelesamiento que acabaría por desvelar lo que para el resto del mundo y en especial para ella, tan sólo era un corriente y típico barrido de reconocimiento previo al saludo que la gente profiere a los desconocidos en usuales situaciones.
Quizás estos pensamientos triplicaron en rapidez a los brevísimos acontecimientos, o quizás aquella anciana no consideró excesiva mi, en apariencia, sencilla pausa antes de proceder al rutinario saludo vespertino.
    - Boa tarde, senhora-, respondí, con una complaciente sonrisa.
http://www.youtube.com/watch?v=MR1s1DC8H7w
Pero de nuevo, como si de una letal maldición gitana se tratase, volví a quedar embrujado por la majestuosidad de su, aunque, insisto, no convencionalmente aceptado así, bello rostro. Probablemente reparó pronto en mi reiterada incursión; sin embargo, su respuesta, a diferencia de lo que la mayoría, un servidor se incluye; haría, fue sonreír, sólo sonreír, dejando claro que lo último que ella fuera interpretar fuera que estuviésemos aventurándonos a una embarazosa situación.
Dejando atrás demáses divagaciones, aquella sonrisa no hizo más sino acentuar mi ya visible interés. Había algo mágico en aquel rostro corriente. Entonces caí en la cuenta que jamás había reparado con tan esmerado detenimiento en un rostro tan centenario, tan anciano. Aquello no eran sólo historias y emociones transcritas mediante bellos, aleatorios y desemejantes estrías. Aquello era la propia esencia de la humanidad. Era como una breve e imprecisa respuesta a la sencilla aunque tormentosa pregunta de qué somos.
Aunque lo verdaderamente fascinante era recorrerlas lentamente hasta llegar a esa profunda mirada azul. Aquello parecía como la puerta a ese recóndito rincón de las respuestas a las preguntas sin respuestas, cuya llave antojada por el ser humano ha sido desde tiempos inmemoriales.
Una nueva puerta a la imaginación, a lo esencial; también al miedo no correr su misma suerte y llegar un día en que nos miremos al espejo y podamos entonces cavilar acerca de nuestros viejos y demacrados rostros, aunque emocionante la idea de aferrarse a que sí lo conseguiremos, y aún mas palpitante, la idea de todo lo que ocurrirá hasta entonces....

miércoles, 8 de febrero de 2012

Perdido

Así que suspiré y opté por la última opción a la que pienso que ha de tender una persona en una situación así, apelar a la bondad de la gente. Y eso hice. Me armé de valor (porque ya os digo, hace falta valor para ello) y me levanté, fui al comienzo del pasillo del autobús, (consciente de que la mayoría de pasajeros estaban al tanto de mi situación), suspiré de nuevo y recité el discurso que ya varios minutos antes había estado ensayando para mis adentros. Si no recuerdo mal, fue más o menos así.

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En ese momento, a pesar de que comencé el discurso con gran fuerza, mis palabras se fueron apagando, ahogando, como cuando cubres una vela encendida con un vaso y ves como la falta de aire mengua progresivamente la llama.
Miré en derredor y fui analizando la cara de cada uno de los pasageiros. Los más ancianos me miraban con una lástima que hasta me daban ganas de llorar de la vergüenza y de la impotencia. Algunos de mediana edad agachaban la mirada con disimulo, deseando salir de tan embarazosa situación. Algunos incluso reían... en fin, me quedé mudo; dije con voz entrecortada Obrigado, intentando mantener la cabeza suficientemente alta, y tiré al fondo del pasillo, donde me esperaba mi solitaria plaza. De camino, un señor mayor me soltó 10 reais.